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Por qué Keiko no necesita valeriana, por Adriana Urrutia

PERÚ EVENTOS EN VIVO.- Por: Adriana Urrutia / Politóloga
Keiko Fujimori esperaba “tranquila” el fallo del jurado electoral los últimos días. No era para menos. Su organización es de las pocas que han invertido en fortalecer su capital político en los últimos cinco años. Ha sido una oposición disciplinada en el Congreso para emitir voto en contra de propuestas claves del gobierno. Y ha sido un voto en bloque que ha promovido interpelaciones a ministros, desviando la atención de la agenda propia del Ejecutivo. Ha gozado de un ágora mediática para opinar y, entre la bancada fujimorista y la bancada aprista, han posicionado el discurso de la crisis y el desorden imperantes en el país. Un perfecto escenario para hacer surgir un candidato salvador. 

Keiko ha sido una buena alumna. De las elecciones pasadas, aprendió que tenía que ser más agresiva en sus concesiones, por eso ha hecho esfuerzos por desvincularse del pasado, el mayor pasivo de su organización y a la vez su mayor fortaleza. Recordemos sus declaraciones en Harvard. 

Ha puesto en práctica la principal lección de su padre: conocer lo que demandan los sectores populares y, a partir de ello, definir su oferta política. En este mercado electoral, donde pocos entienden al votante promedio, eso significa una ventaja competitiva. 

Todo fortalece el aspecto más importante: demostrar que Fuerza Popular es un partido. Otra ventaja más sobre sus opositores, al mismo tiempo que un desafío constante. 

Fuerza Popular es un partido. Pero para ser más específicos, más que un partido, Fuerza Popular ha construido un entorno partidario. ¿Eso qué significa? Que ha logrado hacer gravitar una constelación de organizaciones medianas, que operan a nivel local y regional en torno a un comité ejecutivo que funciona en la sombra. El vínculo entre el órgano nacional y los satélites regionales y locales no está institucionalizado. Se les concede a estos la facultad de operar sin necesidad de cumplir mayores obligaciones. Esta manera de funcionar es útil en la coyuntura electoral, porque permite una mayor implantación territorial. Para otros, este aspecto constituye una gran limitación. 

Esto explica lo que representa Factor K para Fuerza Popular: un satélite organizacional en tiempos electorales. Explica también la situación del señor Pichilingüe: un bróker político a nivel regional, encargado de fortalecer al partido, en su territorio y con sus propios medios. La transacción es simple: Fuerza Popular gana presencia, mientras los miembros regionales ganan poder. 

El entorno partidario de Fuerza Popular no se limita al campo político. Se consolida también, y esto no es novedad, ni exclusivo a este partido, por actores quizá más silenciosos y más poderosos: alianzas estratégicas con las fuerzas económicas, el vínculo cordial con la prensa, son algunos. Pero es la alianza tácita (¿o no?) con los órganos electorales la que le ha permitido mantenerse en el primer puesto en esta contienda electoral. En otras palabras, el partido fujimorista, como lo hizo estando en el poder, y como lo han hecho varios otros partidos (como el Apra), opera desde las instituciones del Estado. Es decir que, a pesar de contar con una lista de militantes, los partidos gozan del apoyo de funcionarios en puestos claves que sirven a sus propios intereses. El fujimorismo es un ejemplo.

La pregunta dejó de ser si existen los partidos políticos en el Perú, o si estamos en una crisis de partidos. La pregunta es: ¿Frente a qué tipo de organizaciones partidarias estamos? ¿Cómo operan? A esta última, la respuesta no pasa por sostener si existe o no clientelismo, como ya lo han señalado Levitsky y Muñoz. 

Las formas partidarias han mutado hace tiempo. No se limitan exclusivamente al partido, han entrado a las instituciones estatales y a grupos de intereses privados. Más que de una ausencia de partidos, estamos ante partidos mutantes cuya presencia inesperada puede hasta sorprender. 
Y ahí, aún, tenemos mucho por desvelar.  Fuente: www.elcomercio.pe

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