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El apocalipsis laboral y el sueldo básico universal

PERÚ EVENTOS EN VIVO.- Por David Tuesta.
Los avances tecnológicos han venido transformando una serie de aspectos de nuestra sociedad. Una de las mayores inquietudes observadas es la de los cambios acelerados en el mercado laboral como consecuencia de la transformación digital. La rápida ola de tercerización del empleo registrada en varias industrias del ‘retail’ y de servicios -la llamada ‘uberización’ de la economía- es sólo una muestra visible de lo que sucede. Los sectores primarios y secundarios hace bastante tiempo que vienen transitando por un proceso de cambio en la relación capital-trabajo.


Esta nueva “revolución industrial”, al igual que las anteriores, generará tensiones en el corto y mediano plazo. De repetirse ahora la historia, el ser humano sería capaz de reinventarse y hacerse más productivo, y necesario, en un entorno con nuevas industrias en las que aportará. ¿Pero qué sucede si la cosa no es así? ¿Qué pasa si se produce una situación extrema (para algunos ya no tan extremo) de que los robots nos reemplacen plenamente? ¿Qué sucederá, si como dicen algunos futuristas, en dos décadas se termine borrando cerca del 50% de los trabajos humanos actuales?

Este último año ha entrado con mucha fuerza en el debate el tema del salario básico universal, una idea que tiene sus orígenes en el S. XVI (Tomás Moro y su Utopía), y que luego fuera mencionado por otros pensadores y economistas en los siglos XVIII y XIX (Thomas Paine y John Stuart Mill) y en el S. XX (James Meade, John Kenneth Galbraith y James Tobin). La idea esencial es que la ‘llegada de los robots’ terminará afectando a una gran proporción de trabajadores. La solución, por tanto, es brindar un salario básico universal para todos de —digamos— unos US$1,000. Los que apoyan esta visión dicen que ello permitirá que el ser humano viva menos estresado, que busque y se prepare en lo que realmente le gusta, entre otros aspectos armoniosos.

Hay varios argumentos sociales y psicológicos que me preocupan al respecto. No sé, por ejemplo, si el ser humano puede ser desprendido de su identidad natural con el trabajo sin generar ningún tipo de problemas psicológicos. En el plano más económico, el desincentivo al trabajo también puede ser importante. Alguno dirá que justamente esta política se da porque no habrá trabajo pero, por otra parte, creo que se corta de lleno esa necesidad y búsqueda que suele ser también el motor de la fuerza innovadora, que seguro fue clave en las anteriores revoluciones industriales. Financieramente creo que el esfuerzo para los Estados puede ser inmenso, en tanto se quiera brindar cifras atractivas. Estos sueños pueden ser poco financiables incluso si este ‘regalo’ universal implicara eliminar subsidios vigentes.

Pero lo que más me llama la atención es que en el mundo ya se estén animando a experimentar con este tipo de programas. En Alaska existe desde los ochenta un programa que entrega aproximadamente US$2,000 al año a sus residentes, financiado con los ingresos del petróleo. En el poblado de Maricá en Brasil se otorga cerca de US$40 anuales a todos sus pobladores con base en las regalías del petróleo de Río. En Canadá, Holanda y Finlandia están lanzando ya programas piloto de salario básico universal. En este último caso se piensa repartir a un grupo de la población entre 25 y 58 años una transferencia no condicionada de aproximadamente US$9,00 mensuales que se comparará con un grupo de control que seguirá bajo las condiciones de toda la vida. En Suiza hace pocos meses hubo un referéndum que discutía el mismo tema, aunque la opción perdió de manera aplastante.

¿Qué se puede decir de todo ello? Los temores que existen hoy sobre los efectos de la transformación digital sobre los trabajos es la repetición de los que se producen ante transformaciones económicas trascendentes. ¿Será esta revolución, a diferencia de las otras, el fin del mercado laboral como lo hemos conocido y, por tanto, la expulsión de aquellos menos capacitados, con lo que se acentúa la inequidad? En el mediano plazo es muy probable que esto último suceda. Pero quiero confiar que en el largo plazo otra vez la inventiva humana será capaz como en épocas anteriores de superar los retos que los avances imponen. En todo caso, creo que la solución a estos problemas dista mucho de una solución ‘mágica’ como la del salario básico universal. Las pócimas fantásticas, al final, suelen ser solamente la solución que va en busca de un problema mucho mayor. Fuente: www.semanaeconomica.com

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